• Sáb. Sep 5th, 2026

La trampa natural que atrapa la basura que arrastra el río Ozama hacia el mar Caribe

PorROBBY GABRIEL

Sep 5, 2026

Cada ciclo de lluvias transforma el histórico litoral del malecón en un vertedero marino repleto de plásticos, textiles, vidrios y desechos que dañan el ecosistema capitalino

SANTO DOMINGO: Sin importar la época del año, pero con mayor crudeza tras las lluvias intensas, la playa del Fuerte San Gil se transforma en un vertedero marino. Una marea contaminante sofoca constantemente su arena, dejando al descubierto una desgarradora postal urbana en el litoral del malecón.

A diferencia de una costa abierta, este emblemático rincón no posee una línea recta. Topográficamente forma una pequeña ensenada resguardada por acantilados de piedra caliza coralina, sobre los cuales se erige el histórico baluarte colonial. Esta particular geometría en forma de «codo» actúa como una trampa geográfica.

Con una ubicación estratégica al oeste de la desembocadura del río Ozama, la franja recibe de lleno el embate de las corrientes del mar Caribe, que desplazan las aguas fluviales de este a oeste. La curvatura de la orilla frena el flujo marino y convierte a la caleta en un embudo natural.

Entre la arena sobresale una invasión heterogénea de desperdicios: plásticos de un solo uso como botellas, bolsas y cubiertos descartables, mezclados con calzados, juguetes rotos y restos electrónicos. A esta masa se suman neumáticos, madera procesada y escombros arrastrados desde distintos sectores de la capital.

Esta acumulación no es un hecho aislado, sino la consecuencia del arrastre continuo de las cañadas que nutren al río Ozama. Cada vez que el caudal aumenta por las lluvias, la fuerza del agua barre las calles y asentamientos informales, arrastrando toneladas de desechos hacia el litoral.

La densa alfombra de plásticos de todo tipo cubre la orilla frente al contraste de las embarcaciones en el horizonte. Jorge González
La densa alfombra de plásticos de todo tipo cubre la orilla frente al contraste de las embarcaciones en el horizonte.

Efecto dominó

La acumulación no ocurre de forma aislada, sino que responde al arrastre continuo de los arroyos que desembocan en el río. Cada vez que el caudal aumenta, la fuerza del agua barre los asentamientos informales y las calles, depositando los residuos en el mar, gracias al efecto dominó (cada evento provoca directamente el siguiente) que ocurre.

En medio de este escenario de desechos, personas dedicadas a la recolección informal recorren la orilla buscando objetos de valor. «Aquí se encuentra de todo cuando el mar vomita lo que baja del río, desde metales hasta botellas de cristal enteras que luego vendemos», comenta un buceador.

Un compañero que explora entre los escombros añade sobre la peligrosa rutina diaria: «Buscamos cobre, latas y plásticos duros para venderlos y ganar con que sobrevivir. Es un trabajo duro, porque hay que buscar entre vidrios y otros desperdicios, aunque a veces hallamos algo útil».

Amenaza invisible

El problema va mucho más allá de la contaminación visible a simple vista. Los plásticos más grandes se van fragmentando progresivamente por el sol y el agua hasta convertirse en peligrosos microplásticos menores de cinco milímetros, altamente nocivos para la fauna y flora marina.

Estos diminutos fragmentos son ingeridos por los peces y aves marinas, integrándose directamente en la cadena alimenticia humana. A este grave impacto se suman las colillas de cigarrillos, cuyos filtros liberan sustancias químicas tóxicas al permanecer prolongadamente sumergidos en el agua salada.

Dos hombres buscan cosas de valor entre la densa capa de plástico, lilas y basura que cubre la orilla del litoral marino de la playa del Fuerte de San Gil en el mar Caribe. Jorge González
Dos hombres buscan cosas de valor entre la densa capa de plástico, lilas y basura que cubre la orilla del litoral marino de la playa del Fuerte de San Gil en el mar Caribe.

“Carolina Mejía que ha sido la mejor alcaldesa que hemos tenido, y que ha transformado todo el malecón es raro que no haya enviado un equipo de obreros del Ayuntamiento, porque para ser justo cada cierto tiempo envían brigadas a limpiar las tres playas del malecón”, señaló un corredor de la zona.

Un agente de la Digesett también dijo que la alcaldía del Distrito Nacional despliega periódicamente cuadrillas de obreros para sanear la costa. Y que los brigadistas retiran toneladas de desperdicios, logrando restablecer temporalmente la limpieza visual de esta importante franja marítima.

Desafío ambiental

Sin embargo, los esfuerzos de limpieza resultan paliativos frente al flujo interminable de basura. Para resolver definitivamente esta crisis deberían instalar mallas de retención en la desembocadura del Ozama, endurecer las sanciones por vertido ilegal y sanear de forma integral las cañadas.

La recuperación de este espacio requiere inversiones sostenidas en educación ambiental y reciclaje comunitario. Mientras las precipitaciones sigan arrastrando los desechos no recolectados de la ciudad, las brigadas municipales seguirán atrapadas en un ciclo interminable y el Fuerte San Gil continuará sufriendo. 

Cientos de metros de costa sepultados bajo toneladas de desechos sólidos y vegetación acuática.. Jorge González
Cientos de metros de costa sepultados bajo toneladas de desechos sólidos y vegetación acuática
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