El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez, una de las figuras más influyentes de la Iglesia católica en la República Dominicana y arzobispo emérito de Santo Domingo, cumple este sábado 31 de octubre de 2026 sus 90 años de edad. Así, marca nueve décadas dedicadas al sacerdocio y al servicio eclesial.
SANTO DOMINGO,RD: Con una dilatada trayectoria pastoral e institucional que ha marcado la historia religiosa y social de la República Dominicana, el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez llega este sábado 31 de octubre a sus 90 años de vida. El religioso, quien estuvo al frente de la Arquidiócesis de Santo Domingo durante más de tres décadas, es ampliamente reconocido tanto por su labor litúrgica. Además, destaca por su activa participación en los debates sobre asuntos nacionales y morales del país.
López Rodríguez nació el 31 de octubre de 1936 en Barranca, provincia La Vega, comunidad donde dio sus primeros pasos hacia el servicio religioso que definiría su vida adulta. Desde su juventud mostró vocación por la carrera eclesiástica. Por ello, lo llevó a cursar estudios de Filosofía y Teología en el Seminario Pontificio Santo Tomás de Aquino, localizado en la ciudad de Santo Domingo.
Formación internacional y ordenación sacerdotal
Posteriormente, el prelado continuó su preparación académica en Roma, Italia, ampliando sus conocimientos en instituciones de prestigio internacional como el Centro Internacional para la Formación Sociológica del Clero, la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino y la Pontificia Universidad Gregoriana. En la capital italiana alcanzó un doctorado en Ciencias Sociales. Así, consolidó una sólida formación teórica que respaldaría sus futuras responsabilidades pastorales.
Su ordenación como sacerdote se produjo el 18 de marzo de 1961 en su natal La Vega, de manos de monseñor Francisco Panal Ramírez, obispo de la diócesis en ese momento. Tras su ordenación, desempeñó labores pastorales en tierras veganas entre 1961 y 1964. Atendió a comunidades católicas locales antes de retornar a Europa para profundizar su especialización eclesiástica.
Episcopado, generalato cardenalicio y retiro
Uno de los hitos más transcendentales de su vida ministerial ocurrió en 1981, cuando fue designado arzobispo de Santo Domingo. Desde esa posición condujo los destinos de la arquidiócesis por más de treinta años. Una década más tarde, en 1991, el papa Juan Pablo II lo elevó a la dignidad de cardenal. Así, se convirtió en el primer ciudadano dominicano en ostentar dicho título cardenalicio.
Su impronta pública trascendió los templos debido a sus frecuentes y firmes pronunciamientos sobre la realidad social, política y cultural de la nación. Esto generó debates públicos de gran alcance. Tras una dilatada gestión, el papa Francisco aceptó su renuncia al gobierno pastoral en 2016. Desde entonces, fue sucedido por monseñor Francisco Ozoria Acosta, momento desde el cual asumió la condición de arzobispo emérito de Santo Domingo. Al arribar a sus nueve décadas de existencia, su legado continúa siendo una referencia obligada en los anales de la Iglesia católica dominicana.

