• Vie. Ene 16th, 2026

Las reses: colosales, sagradas… e intocables

PorROBBY GABRIEL

Ene 16, 2026

Por Francisco Luciano/PRENSALIBRE INDEPENDIENTE.RD

Las reses son bestias formidables, casi míticas. En algunas culturas se les rinde culto como a dioses; en otras se las cuida con celo enfermizo para que no falten ni un día en el menú colectivo. Curioso detalle: las hembras, en cualquier raza y en cualquier rincón del planeta, casi nunca terminan en el matadero… a menos que ya no sirvan ni para parir ni para ordeñar. Se las preserva como joya de la corona.

Históricamente han sido el motor de todo: transportaban gente, mercancías y sueños; todavía hoy, en rincones olvidados por la modernidad, siguen jalando el arado cuando el tractor no llega ni en sueños.

Su aporte a la humanidad es talmente completo. La leche —uno de los alimentos más redondos que existen— se convierte en mantequilla, quesos de mil sabores, yogur cremoso, suero revitalizante y, claro, boruga pa’ los que saben de qué hablo. Pero no paran ahí: carne tierna, grasa nutritiva, huesos para alimento de mascotas y hasta botones finos, cuernos tallados en artesanías que parecen joyas, y piel para abrigos, botas, correas… un imperio entero sale de su cuerpo.

Las hembras se reservan para la reproducción y la dulce industria láctea. Los machos, en cambio, van directo al sacrificio… salvo el elegido: el padrote, ese berraco monumental de salud de hierro, tamaño descomunal y testosterona a prueba de balas. En España, los más bravos ni siquiera esperan el hacha: los llevan al ruedo para que los toreros los bailen en una danza mortal llamada corrida.

Entre las razas que imponen respeto:

  • Los fieros toros de Lidia españoles, nacidos para el drama y la sangre.
  • Los robustos Red Kandhari de Maharashtra, India, puros músculos para el trabajo duro.
  • Los elegantes Belted Galloway escoceses, con su cinturón blanco y su cara de “no me provoques”.
  • Los Bos taurus, discretos y abundantes en Asia, especialmente en la China continental.
  • Y en América, la reina absoluta: la Chianina, italiana de origen, pero gigante adaptada al continente. Toros que pasan los 1.600 kg con facilidad (y alguno ha llegado a récord mundial de casi 1.800 kg), casi dos metros a la cruz y un temperamento que, cuando se enciende, no reconoce alambradas ni tratados internacionales.

Mira nomás estos ejemplares para que te hagas una idea del calibre:

Y hablando de uno en particular… hay un toro Chianina que anda suelto por el mundo en estos tiempos. Muge como trueno, embiste a diestra y siniestra, destroza alambradas ajenas como si fueran papel tisú y reclama territorio —y lo que hay dentro— con la naturalidad de quien sabe que nadie le va a decir que no.

Si le das lo que pide, se va tranquilo. Si no… te lo quita a la brava, te aplasta sin remordimiento y sigue su camino como si nada. Curiosamente, evita enfrentarse de frente con los toros Bos taurus más “convencionales”; parece que prefiere no arriesgar un choque directo con alguien que, aunque más pequeño en promedio, cuando lo provocan de verdad… su tamaño y su peso lo convierten en una fuerza prácticamente imparable.

Cualquier parecido con la geopolítica actual —con ese gigante que impone su voluntad, cruza las fronteras sin permiso, amenaza con aplastar a quien se resista y solo retrocede ante ciertos adversarios muy específicos— es, por supuesto, una coincidencia absolutamente inocente… ¿o no?

El autor es docente universitario y dirigente político.

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