- El párroco afirma que la sociedad le ha dado la espalda y el sistema que gobierna y administra, el corazón del hombre se está enfriando.
SANTO DOMINGO: . La cuarta palabra del Sermón de las Sietes de Palabras pronunciadas por Jesús para el Viernes Santos en su crucifixión dada por el Reverendo Padre Candelario Mejía Brito, de la Parroquia Santa Clara de Asís, de Santo Domingo, quien se preguntó: “¿Dios mío por qué nos ha abandonado?”.
El marco de su mensaje central para la cuarta palabra fue dirigido hacia la falta de oportunidades y exclusión de los jóvenes, el abandono de las personas en condición de calle y los enfermos que pululan en los céntricos hospitales del país, además, del enriquecimiento desmedido de las élites, quienes no voltean a ver como humanos a quienes con su trabajo tesonero, llenan sus bolsillos y cuentas en el banco.
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, del libro de Mateo, capítulo 27 y versículo 46, como parte del recogimiento meditativo uniendo los propios dolores al pie de la cruz de Cristo.
Al llegar el mediodía toda la región quedó en tinieblas hasta el mediodía, “Jesús clamó con voz potente “Eloim, Eloim, lava sabatani”, ¿Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado? Surgió un fuerte grito antes de morir. Los crucificados morían por agotamiento y apagados, el grito de Jesús tiene un aspecto de triunfo anticipado sobre la muerte, por sus heridas fuimos curados”.
El párroco agregó que: “Grito de angustia, pero, no desesperación, esta queja tomada de la escritura es una oración a Dios. En el Salmo 22 sigue la alegre seguridad del triunfo final. Mateo destaca las señales que acompañan a Jesús en su muerte y que pertenecen al género apocalíptico, con ellos pone de relieve el gran crimen que los hombres acaban de cometer”.
Mejía Brito explicó que la llegada del Señor sería anunciada por los profetas. De la Carta Apostólica Nuevo Milenio que se avecina en la número 26 expresa que, “el grito de Jesús en la cruz no delata la angustia de un desesperado si no la oración del hijo que ofrece su vida al padre por el amor y la salvación de todos”.
El padre resaltó que solo Jesús puede ver al padre y lo goza con plenitud valora, profundamente, qué significa resistir con el pecado a su amor. “Jesús sabe dónde está poniendo su esperanza. Nosotros podemos gritar y seguir gritando y, aún, no sabemos quién nos va a escuchar”.
Habla del abandono, se encuentra en su sentido existencial como hombre lo hace asumir este sufrimiento, hoy como ayer, el hombre se siente solo en las grandes decisiones de su vida y sin saber qué le espera. “A solas en su conciencia solo con Dios. Como Jesús, mucha gente se siente abandonada en medio de todos los fracasos humanos, el hombre anhela ver y sentir, experimentar la esperanza de vida y de mejoría”.
Hoy más que nunca “nos sentimos abandonados” en todos los sentidos, cuando los únicos que están obligados a sacrificarse son los de abajo, los más pobres, “en este sentido de abandono, cómo podemos volver la confianza y sentido de vida”
De su enfoque de la juventud dijo que: “Para que nuestros jóvenes que viven con la certeza de ser valorados, los jóvenes que cargan con la estigmatización de ser jóvenes son condicionados por el ambiente social, forma de vestir y hasta la forma de hablar”.
Las nuevas identidades que asocian a la cultura juvenil de día de hoy, se entienden que, por ser joven, no se tiene ningún derecho, “como Jesús, muchos de nuestros jóvenes tienen el derecho de decirles a todos, ¿por qué me has abandonado? Era necesario que Jesús estuviera allí en la cruz para glorificar al padre y vencer a la muerte para siempre”.
El reverendo se preguntó que Jesús confío, pero, la humanidad y los jóvenes en quién podrían confiar, a quién le podrían gritar, “que escucha el lamento de tantos jóvenes sin esperanzas de empleo y los que logran insertarse, su pago no compensa y son explotados. No se diga de los maltratados del mundo turístico y cuando los que están llamados a ser como el padre, solo piensan en ellos, amasando tesoros, olvidando que la polilla y la carcoma los corroe”.
El religioso recordó que los jóvenes son victimas de accidentes de tránsito, homicidios, suicidios, “llama la atención de que la mayoría de los accidentes sea por falta de educación vial, y a nadie le interesa esa realidad. Parece que Intrant, solo recuerda la educación vial el 5 de octubre. Aquí, aun, no hemos aprendido a ser un peatón”.
Se preguntó cómo olvidar el grito de los que deambulan y están abandonados en las calles, “personas en la indigencia, en condición de calle. ¿Quién piensa en ellos? Esta realidad no es aislada, vayan a los alrededores del Hospital Moscoso Puello o debajo del elevado de la Ovando con Máximo Gómez”. Sin importar como llegaron allí, continúan siendo humanos.
Es así, que justificó que el grito de Jesús recoge el clamor de todos los marginados de la sociedad, de los abandonados, los rechazados, “de los más débiles”. Como Jesús, este desamparo es una angustia, del cual serán escuchados y el grito no quedará sin respuesta.
Ha llegado el trono de Dios y él va a intervenir para mostrarle al mundo que no ha muerto. Está en los enfermos, y no ha dejado solo al hombre en su vida miserable, “sino que le importamos mucho y que en Cristo, el padre nos da la esperanza de un triunfo mejor”.

