• Sáb. Feb 14th, 2026

Evitemos elegir el Lilis del siglo XXI.

PorROBBY GABRIEL

Feb 13, 2026

POR: ROLANDO ESPINAL/PRENSALIBRE INDEPENDIENTE.RD.

Hay una mano que no vota, pero que decide. Una mano que no aparece en las papeletas, pero que las marca con tinta invisible. Es la mano oscura de una oligarquía rezagada, que sueña con repeticiones históricas bochornosas: la de imponer, desde la sombra, un presidente títere. Un Lilis del siglo XXI, moderno en sus formas pero arcaico en su esencia: un administrador de sus utilidades, un guardián de sus privilegios, un notario que firma, sin pestañear, reformas fiscales donde la carga la soporte, una vez más, el mismo 80% de la nación.

Mientras, el verdadero poder, el único poder legítimo, duerme en un letargo peligroso. La Junta Central Electoral proyecta un mercado electoral de cerca de 8 millones de personas para el 2028. La cifra, en sí misma, es un potencial revolucionario. La demografía lo hace aún más contundente: la mayor concentración está entre los 18 y los 40 años. Son la generación más educada, más conectada, más urgida de cambios profundos. Sin embargo, aquí yace la tragedia y la gran oportunidad: las encuestas, que solo miden la intención de voto de quienes piensan ejercerlo, no levantan el dato más crítico. Se estima que un escandaloso 80% de esos jóvenes y adultos jóvenes no votará. En contraste, los mayores de 40 años –muchos de ellos, aunque no todos, anclados en el clientelismo y el miedo al cambio– ejercerán su derecho en más de un 60%.

La ecuación es simple y perversa: una minoría etaria, a menudo más manipulable por el aparato de los partidos tradicionales y los favores de “la mano que ayuda”, decidirá, una vez más, el futuro de la mayoría ausente. Los oligarcas lo saben. Su cálculo es frío: basta con mover, con promesas o con dádivas, a ese segmento fiel votante, para asegurar la continuidad de un sistema que les es funcional. Un sistema donde las reformas fiscales son siempre posibles… siempre que las paguen los de abajo. Donde los incentivos se los llevan los de siempre, y los sacrificios se socializan entre los que manejan, con sudor, el 20% del PIB pero son el 80% de los votantes potenciales.

Ante este secuestro de la democracia, solo hay una estrategia válida, y debe ejecutarse temprano, con claridad y sin complejos: exigir. No pedir. Exigir.

Hay una mano que no vota, pero que decide. Una mano que no aparece en las papeletas, pero que las marca con tinta invisible. Es la mano oscura de una oligarquía rezagada, que sueña con repeticiones históricas bochornosas: la de imponer, desde la sombra, un presidente títere. Un Lilis del siglo XXI, moderno en sus formas pero arcaico en su esencia: un administrador de sus utilidades, un guardián de sus privilegios, un notario que firma, sin pestañear, reformas fiscales donde la carga la soporte, una vez más, el mismo 80% de la nación.

La ventana de los 8 millones no se abrirá con discursos vacíos o jingles pegajosos. Se abrirá con planes, no con promesas. Con transparencia, no con retórica. Debemos, como pueblo, corporizar una demanda unánime y constante a todo aspirante a la presidencia: expliquen, punto por punto, libro en mano, las políticas públicas concretas para resolver nuestros problemas históricos. No aceptemos generalidades. Exijamos el “cómo”:

  1. Economía del día a día: ¿Cómo haremos que el salario alcance para vivir, no solo para sobrevivir? Planes específicos contra el costo de la vida, no subsidios parche.
  2. Trabajo con dignidad: ¿Cómo reorientaremos la educación superior y técnica? Basta de graduar legiones de abogados y administradores para un mercado saturado. Incentivemos masivamente las carreras técnicas, tecnológicas y vocacionales que demanda el mundo real, con salarios de inicio dignos y rutas de crecimiento claras.
  3. Salud para todos, no para quien pueda: Un modelo que no colapse ante una gripe. Acceso universal, punto.
  4. Educación: la gran deuda. El 4% del PIB no es un trofeo, es un recurso. Exijamos su uso quirúrgico, auditado y con metas claras: salir del sótano de las pruebas PISA en una generación. Infraestructura, formación docente digna y tecnología.
  5. Seguridad ciudadana: Estrategias integrales que ataquen las causas (empleo, educación) y no solo los síntomas.
  6. Inmigración: Un abordaje regional, humano pero firme, con políticas de integración laboral ordenada donde sea viable.
  7. Libertad de expresión: Garantía inquebrantable, sin acoso judicial o mediático a quien critique al poder.

Pero esto no basta. Para que estos planes no se ahoguen en el pantano de la vieja política, debe exigirse, como condición sine qua non, una revolución en el Estado:

· Que al menos el 90% de los empleados públicos sean de carrera. Fin a las botellas y al amiguismo. Meritocracia o muerte administrativa.
· Eliminación de las nóminas políticas. Que ningún partido use el Estado como caja chica para pagar favores.
· Una Procuraduría General de la República (PGR) independiente de verdad. Fiscales de carrera, no designados por compromiso. Que investigue a quien haya que investigar, sin miramientos.
· Renovación total del cuerpo diplomático. Embajadores y cónsules por ley deben ser de carrera. La representación nacional no es un botín para los correligionarios.
· Disciplina fiscal histórica: Reestructurar el gasto público para que el gasto corriente no supere el 75%, liberando un 25% mínimo para inversión pública real en infraestructura, innovación y los puntos ya dichos.

Y aquí, el llamado más urgente: el pueblo debe abrir los ojos y penalizar en las urnas a cualquier candidato que, públicamente, se identifique o sea cómplice de las familias que han integrado el llamado Consejo de Competitividad desde el 2017. Ese consejo, en la práctica, ha sido la cámara de ecos de los grandes grupos económicos. Quien busque su aval o se fotografíe sonriente con sus miembros, está firmando, ante notario público, su compromiso con la agenda de la oligarquía, no con la del pueblo. Esa foto debe ser su sentencia política.

La gran batalla del 2028 no es entre colores partidarios. Es entre el futuro y el pasado. Entre la esperanza democrática de los 8 millones y el pulso frío de la mano oscura que quiere elegir, por nosotros, a un Ulises Heureaux moderno, un Lilis con iPhone y buenos modales, pero con la misma esencia: servir a unos pocos, traicionando a muchos.

Joven, profesional, madre, padre, obrero, empresario nacional: tu abstención es su victoria. Tu voto consciente, exigente e informado es el único muro contra el regreso del tirano elegido. No les entreguemos, por desidia, la llave de la nación. Despertemos. Organicémonos. Exijamos. Y sobre todo, votemos.

El Lilis del siglo XXI solo llegará al poder si nosotros, desde hoy, se lo permitimos.

FUENTE,PANORAMA.

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