La historiadora Margarita López Maya advierte que la captura de Maduro no significó el fin del sistema, sino su «decapitación». Mientras la cúpula negocia con Washington el regreso de las petroleras, la ruta democrática del 28 de julio corre el riesgo de ser desplazada por un pragmatismo económico sin libertades políticas.APLA
VENEZUELA: El vacío de poder tras el operativo del 3 de enero no ha traído la claridad democrática que muchos esperaban. Para la historiadora Margarita López Maya, lo que vive Venezuela es una fase de incertidumbre donde la información parcial y la especulación alimentan una sospecha peligrosa: que el país no se dirige a una transición, sino a una mutación del mismo sistema para sobrevivir.
“Hacia dónde va esto es prácticamente imposible de saber. Lo que está predominando es una ruta que se dice provisional, pero que, de concretarse, será la permanencia en el poder del chavismo-madurismo”, advierte López Maya. Según su análisis, lo ocurrido a principios de enero fue una “decapitación” necesaria de la camarilla principal, pero la estructura de carácter mafioso sigue intacta y en proceso de readecuación.

El ascenso de la «empresa de los hermanos Rodríguez».
n este nuevo escenario, Jorge y Delcy Rodríguez han pasado de ser operadores a convertirse en el eje central. “Ellos no eran un grupo de poder antes de que Maduro los ascendiera; son una empresa de poder”, explica la historiadora. La visibilidad de Delcy como presidenta encargada es solo una parte de la estrategia de un binomio donde Jorge sigue siendo el estratega predominante.
López Maya descarta cualquier comparación con la transición de 1935. “Algunas personas han querido comparar a Delcy Rodríguez con Eleazar López Contreras, y yo creo que eso es absurdo”. A diferencia de López Contreras, que dio señales inmediatas de modernización democrática, el grupo actual solo ha ejecutado una recomposición interna: desplazar a los leales a Maduro para entronizar a los leales a los Rodríguez. No hay señales de apertura de libertades civiles, sino de supervivencia corporativa.
En este nuevo escenario, Jorge y Delcy Rodríguez han pasado de ser operadores a convertirse en el eje central. “Ellos no eran un grupo de poder antes de que Maduro los ascendiera; son una empresa de poder”, explica la historiadora. La visibilidad de Delcy como presidenta encargada es solo una parte de la estrategia de un binomio donde Jorge sigue siendo el estratega predominante.
López Maya descarta cualquier comparación con la transición de 1935. “Algunas personas han querido comparar a Delcy Rodríguez con Eleazar López Contreras, y yo creo que eso es absurdo”. A diferencia de López Contreras, que dio señales inmediatas de modernización democrática, el grupo actual solo ha ejecutado una recomposición interna: desplazar a los leales a Maduro para entronizar a los leales a los Rodríguez. No hay señales de apertura de libertades civiles, sino de supervivencia corporativa.

Un «protectorado» bajo la sombra de Trump
La supervivencia de esta nueva cúpula tiene un precio y un destino: Washington. Según López Maya, los hermanos Rodríguez se han ofrecido a cooperar con Estados Unidos incluso desde antes de la captura de Maduro. El plan es simple: entregar el negocio petrolero a cambio de impunidad y permanencia.
“No tienen problemas en separarse de Rusia y China para aliarse con Estados Unidos y regresar a las trasnacionales al territorio. Estamos en una especie de protectorado donde se cumplen órdenes en lo económico, pero donde no parece haber interés en la apertura política”, señala.
A diferencia de las dictaduras liberales del siglo XX, el modelo madurista ha sido antidesarrollista y retóricamente antioccidental. Sin embargo, ese discurso parece archivado frente a la necesidad de negociar con Donald Trump. El factor decisivo no es la ideología, sino el pragmatismo de las petroleras que le han dicho a la Casa Blanca que sin seguridad jurídica no habrá inversiones.

El dilema de la oposición
¿Qué espacio queda para el mandato del 28 de julio? Maya considera que la legitimidad sigue residiendo en Edmundo González Urrutia y María Corina Machado. Aunque este bloque presiona para que Estados Unidos entienda que la crisis solo se supera con democracia, el tablero actual parece moverse por intereses más crudos.
“Estados Unidos está jugando más bien a sus intereses económicos”, lamenta la historiadora. Aunque existen fuerzas opositoras que luchan por mantener abierta la vía democrática, la tendencia actual apunta a una recomposición del chavismo-madurismo bajo una nueva fachada. La expectativa que generó el 3 de enero corre el riesgo de desvanecerse si la única apertura que experimenta el país es la de los pozos

