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Democracia interna y partidos

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Los partidos políticos tienden a presumir que su comportamiento interno es materia exclusiva de sus militantes. Y no es así. De ahí, una observación ciudadana y normas legales que, conminan al cumplimiento de la ley, dándole capacidad de castigo a un electorado que cada cuatro años fustiga y/ o pondera positivamente por la vía del voto.

La tradición autoritaria hizo que la mayoría de las organizaciones partidarias se estructurarán a imagen y semejanza del caudillo.

Con el paso de los años, los relevos intentan perpetuar manías impropias de las actuales circunstancias que, por fortuna y madurez de la sociedad, asignan la singular facultad de no dejarse engañar de simuladas posturas de pluralidad con innegable trasfondo cercenador de la apertura y disenso.

Resulta irónico, pero las fuerzas de aspiraciones de cambio y transparencia chocan con mentalidades que no se sienten a gusto con voces discrepantes.

Infortunada señal del terrible retroceso de las organizaciones partidarias se ponen de manifiesto en la medida que los llamados “consensos, pactos y acuerdos” terminan sustituyendo el juego democrático y la competencia consustancial con la cultura democrática.

El dilema crudo radica en determinar los grandes obstáculos de una verdadera democracia, cuando los instrumentos llamados a hacerla avanzar obstruyen los mecanismos de pluralidad, haciéndola pieza útil de las conveniencias de sus élites.

Tropezar varias veces con la misma piedra nos remite a transformar métodos que, con rostros nuevos andan fascinados, y persisten en calcar procedimientos propios de caudillos legendarios, imposibilitados hoy de tocar las puertas del éxito.

Aunque en el último vagón del análisis y crítica inteligente, tanto la capacidad de observación de los ciudadanos como los códigos de las nuevas generaciones, lucen menos tolerantes a la burla histórica de hacer con los militantes lo que entiendan los mandos partidarios.

Por eso, los disgustos y un repliegue capaz de colocar la mirada hacia ofertas más cercanas, sinceras y sin las cuotas de simulación que tanto daño han provocado.

 

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