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La lluvia convierte en pesadilla la vida de familias en Canaán la cañada el mayor miedo.

PorROBBY GABRIEL

Jul 2, 2026

SANTO DOMINGO OESTE: Cada vez que el cielo se oscurece sobre el sector Canaán, en el kilómetro 14 de la autopista Duarte, decenas de familias dejan de mirar la lluvia con esperanza y comienzan a verla con miedo.

Mientras para muchos un aguacero significa refrescar el ambiente, para quienes viven en la calle Alberto Beltrán representa una carrera contra el tiempo para salvar colchones, electrodomésticos y, en ocasiones, hasta sus propias vidas.

La cañada que atraviesa la comunidad no solo arrastra agua. También lleva consigo basura, malos olores, enfermedades y la incertidumbre de no saber si la próxima tormenta terminará de destruir lo poco que estas familias han logrado construir durante años de esfuerzo.

«Cada vez que llueve, yo sufro»

La señora Yuderca vive prácticamente en la orilla de la cañada. Su voz refleja el cansancio de quien ha repetido la misma historia demasiadas veces.

«Yo vivo cerquita de la cañada y cuando esa cañada se mete, ya usted sabe. El agua me llega hasta dentro de la casa. Cada vez que llueve vivo con ese sufrimiento», cuenta mientras señala el lugar por donde el agua invade su vivienda.

Dice que cuando las lluvias son intensas, la corriente arrasa con todo lo que encuentra a su paso: «Lo lleva todo. Uno no sabe qué hacer»

Años esperando una solución

Otra residente asegura que el problema no es reciente.

«Llevamos muchos años con esta situación. Se nos dañan las camas, los muebles, todo. Lo que queremos es que las autoridades nos ayuden», afirma

Según explica, el puente construido sobre la cañada se ha convertido en uno de los principales obstáculos para el paso del agua

«La columna que tiene en el medio acumula toda la basura. El agua no corre como debería y termina entrando a las casas», explica

El puente que cambió la historia del barrio

Para Andrés Franco, uno de los fundadores de Canaán, el origen del problema tiene nombre y apellido: el puente.

Recuerda que durante fenómenos atmosféricos históricos como las tormentas Olga, Noel y Federico, el barrio nunca se inundó.

Sin embargo, asegura que todo cambió tras la construcción del puente.

«Ese puente está mal hecho. Lo hicieron demasiado estrecho, le pusieron una columna en el medio y hasta taparon parte de la cañada. Cuando baja un palo o la basura, se tapa todo y el agua no encuentra por dónde pasar», detalla.

Desde entonces, declara, las inundaciones forman parte de la rutina del sector.

«A mí nunca se me había inundado la casa y hasta la perdí», dice con dolor.

Los niños también pagan las consecuencias

Frente a la cañada se encuentra la escuela María Teresa Quidiello.

SPara Benita Polanco, cada aguacero también significa interrumpir la educación de los niños del sector.

«Cuando la cañada crece, los muchachos no pueden cruzar para ir a la escuela», denuncia.

Además del peligro, denuncia las condiciones sanitarias, como el mal olor: “Esa cañada trae enfermedades y vivimos respirando ese ambiente».

Tres años perdiéndo todo

Entre todos los testimonios, el de Encarnación conmueve especialmente.

Su casa, que logró levantar poco a poco con bloques después de haber comenzado con una vivienda de zinc, ha sido inundada en repetidas ocasiones:  «Llevo tres años perdiéndolo todo».

Cada temporada ciclónica revive el mismo temor.

«Cada vez que anuncian lluvia me da miedo. Ahora la presión casi me mata del susto», narra con tristeza.

Cuenta que funcionarios acudieron después de una de las inundaciones, hicieron fotografías y prometieron soluciones que nunca llegaron.

«Vinieron, vieron cómo quedó todo, tomaron fotos y nunca volvieron», se queja Yuderca

Lo único que recibieron días después fue un pequeño kit de limpieza.

«Nos trajeron un pote de cloro, uno de jabón y otro de desinfectante. Pero nosotros necesitábamos camas, colchones… lo perdimos todo», recuerda con indignación.

Una cañada sin protección

Además de las inundaciones, la estructura representa un peligro permanente para quienes transitan por el lugar.

No existen barandas de protección adecuadas y la cañada permanece abierta justo frente a un centro educativo.

El pastor Moisés Reinoso advierte que recientemente un estudiante estuvo a punto de caer.

«Aquí se unen Canaán, Villa Verde y Valle Encantado. Esta cañada está frente a una escuela y cualquier niño puede accidentarse», alerta.

También asegura que las obras viales que se ejecutan en los alrededores han incrementado el volumen de agua que llega hasta la comunidad.

Un barrio que solo pide vivir tranquilo

Los vecinos afirman que no buscan privilegios, sino una solución definitiva que les permita dormir sin miedo cada vez que comienza a llover.

Solicitan la intervención de las autoridades pertinentes para sanear la cañada, retirar la basura acumulada, rediseñar el puente que, según sostienen, obstruye el cauce natural del agua, y reparar las calles deterioradas.

Mientras tanto, el temor permanece.

«Si no arreglan esa cañada, nos vamos a ahogar», gritan varios residentes al unísono.

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