• Vie. May 8th, 2026

Keiko Fujimori: el fujimorismo vuelve a las urnas: ¿fortaleza electoral o carga histórica?

PorROBBY GABRIEL

May 8, 2026
Peru's right-wing candidate Keiko Fujimori speaks during the last debate with her opponent, socialist candidate Pedro Castillo ahead of the June 6 run-off election, in Arequipa, Peru May 30, 2021. REUTERS/Sebastian Castaneda/Pool

PERU: La Historia política del Perú contemporáneo no puede entenderse sin la figura de Alberto Fujimori. Su gobierno, entre 1990 y 2000, marcó profundamente al país al combinar logros económicos y militares con graves acusaciones de autoritarismo, corrupción y violaciones de derechos humanos. Para muchos peruanos, Fujimori fue el hombre que derrotó el terrorismo de Sendero Luminoso y estabilizó una economía devastada; para otros, fue un dictador que debilitó la democracia y permitió crímenes de Estado.

otografía de archivo de la candidata a la Presidencia de Perú por el partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori. EFE/ Renato Pajuelo.

En 2026, a más de veinte años del final de su mandato y tras su muerte en septiembre de 2024, el debate sobre su legado sigue vivo. Esa discusión no solo afecta la memoria histórica del Perú, sino también la carrera política de su hija, Keiko Fujimori, quien continúa siendo la principal heredera del fujimorismo y una de las figuras más polarizantes de la política peruana. Aunque Keiko ha intentado proyectar una imagen más democrática y moderna, la sombra de su padre continúa condicionando su credibilidad, sus campañas y la percepción pública de su liderazgo.

Panorama ha querido elaborar este ensayo en el cual se analiza cómo el pasado de Alberto Fujimori sigue influyendo en el presente político peruano y de qué manera ese legado oscuro continúa persiguiendo a Keiko Fujimori en el contexto electoral y social de 2026. Keiko, candidata del partido (Fuerza Popular) lidera el recuento al 98.48% de actas con 17.14% de votos, asegurando su lugar en la segunda vuelta presidencial de Perú en este año, la cual se celebrará el 7 de junio. Su contendor final se definía entre el izquierdista Roberto Sánchez (12.04%) y el ultraderechista Rafael López Aliaga. 

Alberto Fujimori fue el presidente #58 del Perú.  del Perú. Gobernó durante una década, desde el 28 de julio de 1990 hasta el 22 de noviembre de 2000, caracterizándose por una transformación económica neoliberal y un fuerte autoritarismo.  /Fuente externa).

El gobierno de Alberto Fujimori: entre estabilidad y autoritarismo

Cuando Alberto Fujimori llegó al poder en 1990, Perú atravesaba una de las peores crisis de su historia. El país sufría hiperinflación, pobreza creciente y una intensa violencia provocada por grupos armados como Sendero Luminoso. Fujimori apareció como un outsider político capaz de restaurar el orden y recuperar la estabilidad económica. Durante sus primeros años de gobierno implementó reformas neoliberales que redujeron la inflación y atrajeron inversión extranjera. Además, el Estado logró debilitar, significativamente, a los grupos insurgentes con la captura de Abimael Guzmán en 1992.

Sin embargo, esos logros estuvieron acompañados por una fuerte concentración del poder. En 1992, Fujimori realizó el llamado “autogolpe”, disolviendo el Congreso e interviniendo el Poder Judicial bajo el argumento de combatir la corrupción y el terrorismo. Este hecho marcó el inicio de una etapa autoritaria caracterizada por el debilitamiento institucional y el control político de los medios de comunicación.

Uno de los aspectos más oscuros de su gobierno fueron las violaciones de derechos humanos cometidas por fuerzas vinculadas al Estado. Las masacres de Masacre de Barrios Altos y Masacre de La Cantuta, atribuidas al Grupo Colina, evidenciaron el uso de métodos ilegales en la lucha contra el terrorismo. Años después, Fujimori fue condenado a 25 años de prisión por su responsabilidad en estos crímenes y por corrupción, convirtiéndose en uno de los pocos expresidentes latinoamericanos juzgados y condenados en su propio país por violaciones de derechos humanos.

Fujimori fue elegido presidente de Perú en 1990. Recibió el país sumido en un caos económico. En sus primeros años de gobierno y tras una reforma económica, el llamado «Fuji-shock» allanó el camino para la recuperación y crecimiento económicos. /Fuente externa).

La relación de Fujimori con Vladimiro Montesinos profundizó aún más la crisis institucional. Montesinos dirigió una red de corrupción basada en sobornos a empresarios, jueces, congresistas y medios de comunicación. Los llamados “vladivideos”, difundidos en el año 2000, mostraron la magnitud de la corrupción dentro del régimen y precipitaron la caída del gobierno.

Keiko Fujimori: heredera política del fujimorismo

Keiko Fujimori ha construido su carrera política sobre la herencia del fujimorismo, intentando rescatar sus logros económicos y de seguridad, pero cargando al mismo tiempo con el legado autoritario, corrupto y violento de Alberto Fujimori. Panorama le da una mirada integral al poder, el valor de la memoria histórica, los vestigios de la corrupción, el dolor del autoritarismo y las huellas de la herencia política como insignia de la historia política en América Latina

Desde muy joven, Keiko Fujimori estuvo vinculada al poder político. Tras el conflicto entre Alberto Fujimori y su esposa Susana Higuchi, Keiko asumió el rol de primera dama siendo aún adolescente. Esa cercanía con el gobierno de su padre marcó el inicio de su carrera política y la convirtió en símbolo de continuidad del fujimorismo.

En los últimos años, Keiko se consolidó como líder del partido Fuerza Popular y candidata presidencial en múltiples elecciones. A pesar de haber perdido varias veces en segunda vuelta, su movimiento mantiene una importante base electoral, especialmente, entre sectores que consideran que el gobierno de Alberto Fujimori salvó al país del caos económico y del terrorismo.

No obstante, la figura de Keiko nunca ha logrado desprenderse, completamente, del pasado de su padre. Sus adversarios políticos la acusan de representar una continuidad del autoritarismo fujimorista, mientras que organizaciones de derechos humanos cuestionan que nunca haya condenado claramente los abusos cometidos durante la década de 1990.

La muerte de Alberto Fujimori en 2024 reactivó el debate sobre su legado. Para algunos sectores, su fallecimiento representó el cierre de una etapa histórica; para otros, reforzó la dimensión simbólica del fujimorismo dentro de la política peruana. Incluso después de su fallecimiento, Keiko siguió vinculando su imagen a la memoria de su padre, visitando públicamente su tumba durante la campaña electoral de 2026 y reivindicando parte de su legado político.

Keiko Fujimori es abordada por la prensa peruana. /Fuente externa.

En 2026, Keiko vuelve a ocupar un lugar central dentro del debate político peruano. Su propuesta de gobierno se enfoca en recuperar la estabilidad económica, fortalecer la seguridad ciudadana y enfrentar la crisis institucional que vive el país. Sin embargo, su figura sigue generando una fuerte división entre quienes la consideran una líder capaz de devolver orden y quienes la ven como la continuación de un pasado autoritario y corrupto. Analizar su trayectoria, sus propuestas y la influencia del legado de Alberto Fujimori permite comprender por qué Keiko continúa siendo una de las figuras más influyentes y polémicas del Perú contemporáneo.

Trayectoria y formación política de Keiko Fujimori

Keiko Sofía Fujimori Higuchi nació en Lima en 1975, en el seno de una familia que años después alcanzaría el poder político nacional. Su vida pública comenzó tempranamente debido a la presidencia de su padre, Alberto Fujimori, quien gobernó el Perú entre 1990 y 2000. Tras la separación entre Alberto Fujimori y Susana Higuchi, Keiko asumió el cargo de primera dama en 1994 con apenas 19 años, convirtiéndose en una de las figuras jóvenes más visibles del gobierno.

Su formación académica estuvo ligada a estudios en los Estados Unidos, donde cursó Administración de Empresas. Esta preparación buscó proyectar una imagen de modernidad y capacidad técnica dentro de la política peruana. Sin embargo, desde el inicio de su carrera, su identidad política quedó estrechamente vinculada al fujimorismo y a la figura de su padre.

Posteriormente, Keiko ingresó oficialmente a la política como congresista de la República entre 2006 y 2011. Más adelante fundó el partido Fuerza Popular, agrupación política que se convirtió en la principal fuerza fujimorista del país. Desde entonces, participó en varias elecciones presidenciales —2011, 2016, 2021 y 2026— consolidándose como una de las líderes políticas más importantes del Perú, aunque también una de las más rechazadas.

La propuesta política de Keiko Fujimori

La propuesta política de Keiko Fujimori en 2026 se centra en tres grandes temas: seguridad ciudadana, crecimiento económico y fortalecimiento del Estado. Su discurso busca presentarla como una líder capaz de devolver estabilidad a un país golpeado por la crisis política, la corrupción y el aumento de la delincuencia.

La candidata presidencial por el partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori, en Lima (Perú). EFE/ Renato Pajuelo.
La candidata presidencial por el partido Fuerza Popular, Keiko Fujimori, en Lima (Perú). EFE/ Renato Pajuelo.

Uno de los ejes principales de su campaña es la seguridad. Keiko propone aplicar políticas de “mano dura” contra el crimen organizado, fortaleciendo a la Policía Nacional y endureciendo las penas contra delincuentes. Este enfoque recuerda claramente las estrategias utilizadas durante el gobierno de Alberto Fujimori en la lucha contra el terrorismo. Para muchos ciudadanos preocupados por la inseguridad, esta propuesta representa una promesa de orden y autoridad.

Otro aspecto importante de su programa es la defensa del modelo económico liberal. Keiko sostiene que el Perú debe mantener una economía abierta al mercado, promover la inversión privada y recuperar la confianza empresarial. Según su visión, el crecimiento económico y la estabilidad financiera son fundamentales para reducir la pobreza y generar empleo. Por ello, plantea impulsar proyectos de infraestructura, minería, agricultura y modernización tecnológica.

Además, Keiko afirma que busca reformar el Estado y combatir la corrupción mediante mecanismos de transparencia digital y modernización administrativa. Sin embargo, esta propuesta ha sido cuestionada debido a las investigaciones judiciales que ella misma enfrentó en años anteriores por presunto lavado de activos y financiamiento irregular de campañas políticas.

Keiko Fujimori, candidata presidencial de Perú.
Keiko Fujimori, candidata presidencial de Perú quien apuesta por la seguridad ciudadana y la institucionalidad. /Fuente externa.

¿Por qué Keiko quiere ser presidenta?

Keiko Fujimori sostiene que desea ser presidenta porque considera que el Perú atraviesa una profunda crisis institucional y social. En sus discursos afirma que el país necesita recuperar gobernabilidad, estabilidad económica y confianza en las instituciones públicas. También, insiste en que quiere continuar aspectos positivos del legado de su padre, especialmente aquellos relacionados con la derrota del terrorismo y la recuperación económica de los años de 1990.

Para sus seguidores, Keiko representa experiencia política y capacidad de liderazgo. Muchos ciudadanos aún valoran el gobierno de Alberto Fujimori por haber enfrentado la hiperinflación y debilitado a Sendero Luminoso. Ese sector considera que Keiko puede devolver orden al país en momentos de incertidumbre.

Sin embargo, sus críticos creen que su candidatura también responde al deseo de mantener vivo el poder político del fujimorismo. Además, sectores opositores sostienen que Keiko nunca se ha distanciado completamente del autoritarismo y de las prácticas corruptas asociadas al gobierno de su padre. Esta percepción ha alimentado el fuerte antifujimorismo presente en gran parte de la sociedad peruana.

En tu Decisión 2026, programa electoral de Perú TV, en fecha del 12 de febrero la candidata peruana afirmó que cuenta con la mayoría legislativa con 73 congresistas desde 2016 a pesar de que no ha sido gobierno, y de su autocrítica de cómo ha ejercido ese poder, dijo que: “Es importante hablar del rol del Congreso que se encarga de fiscalizar, representar y aprobar normas”.

“Hay una coordinación de poder político más no de ejecución presupuestaria. A lo que hemos visto en los últimos años sabemos que a través del Congreso no se puede construir ni tomar las decisiones más importantes y por eso es que mi decisión final es participar solo para la Presidencia de la República”, aclaró la política.

Sinceró que a lo largo de estos años ha cometido errores como cualquier ser humano, ha aprendido de esas lecciones, “creo que en el 2016 nos faltó mayor diálogo, ese esfuerzo”.

El gran problema de Keiko: el “techo político”

Expertos sostienen que Keiko tiene un “techo electoral”. Es decir, posee un núcleo duro muy fiel, también, un bloque enorme de rechazo.  Ese fenómeno explica por qué suele llegar lejos, electoralmente, pero tiene dificultades para ganar definitivamente la presidencia. El antifujimorismo funciona casi como una identidad política propia en Perú.

Los peruanos se resisten a algún acto truculento por parte de los organismos electorales y fiscalizadores del proceso electoral y las elecciones. /Fuente externa).

La sombra del pasado en el Perú de 2026

En 2026, Keiko Fujimori enfrenta una situación compleja. Por un lado, conserva un electorado fiel que valora el legado económico y la lucha contra el terrorismo impulsados por su padre. Por otro, continúa enfrentando altos niveles de rechazo debido a las heridas históricas que dejó el régimen fujimorista.

La polarización que genera el apellido Fujimori demuestra que el Perú aún no ha resuelto completamente su relación con ese pasado. Mientras algunos ciudadanos recuerdan estabilidad y crecimiento, otros recuerdan censura, corrupción y violencia estatal. Esta división afecta directamente a Keiko, quien carga con una herencia política imposible de ignorar.

Además, sus propios problemas judiciales y las investigaciones por presunto lavado de dinero han debilitado su imagen pública y reforzado la percepción de continuidad con las prácticas del pasado. Aunque algunos procesos fueron archivados o anulados, el desgaste político permanece.

La figura de Keiko representa así una paradoja política: necesita mantener vivo el apoyo del núcleo duro fujimorista, pero al mismo tiempo requiere distanciarse del legado autoritario de su padre para ampliar su respaldo nacional. Ese equilibrio ha sido uno de los mayores desafíos de su carrera política.

Keiko Fujimori lista para la segunda vuelta el 7 de junio en el Perú. /Fuente externa.

Conclusión

El legado de Alberto Fujimori continúa siendo una de las heridas más profundas y polémicas de la historia peruana reciente. Su gobierno dejó avances económicos y derrotó a grupos terroristas que amenazaban al país, pero también instauró prácticas autoritarias, corrupción sistemática y graves violaciones de derechos humanos que dañaron la democracia peruana.

En 2026, la figura de Keiko Fujimori sigue marcada por esa herencia contradictoria. Aunque ha intentado construir una identidad política propia, su apellido continúa evocando tanto esperanza como miedo, orden como autoritarismo, estabilidad como impunidad. La sombra de Alberto Fujimori no desapareció con su muerte; por el contrario, permanece viva en el debate político, en la memoria colectiva y en la profunda división de la sociedad peruana.

https://youtube.com/watch?v=KHpJ-KHH5V0%3Ffeature%3Doembed

El dato

La historia de Keiko demuestra que las herencias políticas pueden convertirse en una fuerza poderosa, pero también en una carga difícil de superar. Mientras el Perú continúe debatiéndose entre la memoria de los logros y el recuerdo de los abusos, el fujimorismo seguirá siendo no solo un movimiento político, sino también un símbolo de las contradicciones y heridas aún abiertas de la democracia peruana.

Compartir en Redes Sociales