SANTO DOMINGO: El periodismo de espectáculos en República Dominicana pierde a una de sus figuras más emblemáticas. Falleció este lunes Carlos Batista Matos, conocido popularmente como “el hombre más caro”, un apodo que, más allá de la frase llamativa, terminó convirtiéndose en símbolo de una trayectoria construida con disciplina, criterio y pasión por la cultura popular.
Desde sus inicios, Batista Matos se destacó por un estilo crítico, propositivo y diáfano, que lo posicionó como una referencia obligada en el análisis del arte y el entretenimiento. Durante años, su columna Escenario, publicada en el desaparecido vespertino Última Hora, se convirtió en lectura diaria para quienes seguían el pulso del espectáculo nacional. En ese mismo medio, también dejó su huella como editor de la sección La Tarde Alegre, consolidando un espacio que marcó época en el diarismo dominicano.

Su voz no se limitó a la prensa escrita. Batista Matos logró conectar con generaciones a través de la televisión, especialmente con su programa semanal “Con los famosos”, transmitido por Color Visión, donde mantuvo su estilo directo y su capacidad de análisis, siempre cercano al público.

Más allá de la crónica diaria, también aportó al estudio de la música dominicana. Fue autor de obras fundamentales como Historia y evolución del merengue (1999) y Bachata: historia y evolución (2002), textos que recibieron el reconocimiento de la crítica y de la clase artística por su valor documental y su contribución a la preservación de la identidad cultural.
Su compromiso con el reconocimiento del talento nacional se expresó en su rol como presidente de la Fundación Bulevar de las Estrellas, desde donde impulsó homenajes a destacadas figuras del arte, el deporte y la cultura dominicana, dentro y fuera del país. También ocupó la vicepresidencia de Acroarte entre 1993 y 1995, durante la gestión encabezada por Joseph Cáceres, reafirmando su liderazgo en el gremio.

Pero detrás del personaje mediático y del apodo que lo hizo popular, había una historia profundamente humana. Un reportaje del medio digital El Faro del Sur recoge el testimonio de su amigo de infancia, Leonel Ramírez González, quien relató que Batista Matos quedó huérfano a los siete años en su natal Vicente Noble, provincia Barahona. Para sobrevivir, ambos vendían helados en las calles del municipio, compartiendo jornadas que iban desde recorrer callejones hasta buscar mangos y bañarse en el canal del pueblo.
“Siempre fue un muchacho estudioso, pobre en verdad, pero estudioso”, recordó Ramírez González, quien destacó que, a diferencia de otros caminos, Batista Matos eligió la disciplina como herramienta para salir adelante. Esa determinación marcó su vida.
El mismo amigo evocó, entre risas, los contrastes con el personaje que luego se autodenominó “el hombre más caro del mundo”. “Carlos sabe que raspábamos el concón donde Dominga… y vendíamos helados con un cajón atrás a un chele”, dijo, dejando ver la humildad de sus orígenes frente a la imagen que proyectó en los medios.
Oriundo de Vicente Noble, Batista Matos construyó una carrera que lo llevó desde la precariedad hasta convertirse en una de las voces más influyentes del entretenimiento dominicano. Su historia, tejida entre sacrificio, estudio y constancia, es también la de muchos que encontraron en la educación una vía de transformación.
Hoy, su partida deja un vacío en el periodismo cultural, pero también un legado sólido: el de un comunicador que entendió el espectáculo como parte esencial de la identidad de un pueblo y que dedicó su vida a contarlo, cuestionarlo y celebrarlo.
Se va “el hombre más caro”, pero queda su historia… de esas que no se compran, se construyen.

