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Alrededor de mil sacerdotes celebran Misa Crismal con el Papa León XIV

PorROBBY GABRIEL

Abr 2, 2026

EL VATICANO: Mas de mil sacerdotes concelebraron la Misa Crismal con el Papa León en la mañana del Jueves Santo, en la Basílica de San Pedro, junto a obispos y cardenales. Durante la celebración se bendijeron y consagraron los santos óleos que serán utilizados en los sacramentos de la Iglesia en la diócesis de Roma: el óleo de los enfermos, el óleo de los catecúmenos y el santo crisma.

La misa crismal es un servicio religioso que se celebra en ciertas confesiones cristianas, como el catolicismo, el luteranismo y el anglicanismo. Suele celebrarse cada año el Jueves Santo o en otro día de la Semana Santa. Durante la ceremonia se bendicen o consagran los óleos sagrados utilizados para los sacramentos y rituales.

Hoy, Jueves Santo, día en que Jesucristo instituyó el Orden Sacerdotal, la Iglesia celebra el día del sacerdote.

El Jueves Santo, como lo recordaba el Papa peregrino, es el “día en que Jesús instituyó la Eucaristía y al mismo tiempo nuestro sacerdocio ministerial” (San Juan Pablo II, Carta del Santo Padre Juan Pablo II a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo 1986).

Los sacerdotes han recibido la gracia de hacer que Cristo se haga realmente presente en la Eucaristía a través de la consagración del pan y del vino. Ellos tienen al mismo tiempo, la potestad de perdonar los pecados en nombre de Dios.

La Iglesia Católica ha mantenido a través de los siglos lo que se conoce como “la sucesión apostólica”, línea jerárquica que proviene de los Apóstoles de Cristo y que se mantiene hasta hoy. Los grados del sacerdocio ministerial son tres (de mayor a menor): el episcopado (propio de los obispos, sucesores de los apóstoles); el presbiterado (propio de los sacerdotes, quienes colaboran con el obispo) y el diaconado (propio de los servidores o diáconos, quienes asisten a los presbíteros). Sólo los obispos pueden ordenar sacerdotes y cada uno de ellos le debe obediencia directa al Papa, Obispo de Roma, sucesor de Pedro y Vicario de Cristo en la tierra.

La vida del sacerdote no es sencilla: para empezar, debe dejar el hogar de sus padres y privarse de tener una familia propia. Cada sacerdote forma y acompaña espiritualmente a cientos o miles de personas. Es cierto que muchas veces reciben el cariño y el respeto de la gente, pero también pueden ser blanco de incomprensiones, cuando no de calumniosos ataques o persecuciones.

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