MOSCU: La iniciativa fue canalizada a través del Vaticano, con la mediación del cardenal Pietro Parolin, y contemplaba el traslado del líder del oficialismo a territorio ruso, con respaldo directo de Vladímir Putin.
La caída de Nicolás Maduro estuvo precedida por un intento diplomático del Kremlin para evitar una intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. En los meses previos a la operación que terminó con su captura, Rusia trasladó a Washington una propuesta formal para facilitar la salida del entonces mandatario chavista del poder.
La iniciativa fue canalizada a través del Vaticano, con la mediación del cardenal Pietro Parolin, y contemplaba el traslado de Maduro a territorio ruso, donde recibiría asilo político y garantías personales de seguridad con el respaldo directo del presidente Vladimir Putin, según fuentes diplomáticas citadas por ABC de España.
El ofrecimiento incluía también a otros altos cargos del chavismo y buscaba desactivar una acción militar de Estados Unidos, contener la inestabilidad regional y preservar espacios de interlocución con Washington en otros asuntos estratégicos, incluida la guerra en Ucrania.
Las exigencias de Maduro frustraron la iniciativa
La propuesta no prosperó. Maduro rechazó la salida negociada por desconfianza sobre su situación personal en el exilio y por el temor de perder el control de activos financieros en el exterior.
De acuerdo con las fuentes consultadas, el líder chavista exigía inmunidad plena, garantías económicas y la posibilidad de mantener un nivel de vida acomodado fuera de Venezuela, condiciones que no fueron aceptadas.
Con la vía diplomática cerrada, la crisis venezolana entró en una fase operativa que culminó semanas después con su captura en Caracas durante una operación militar encabezada por Estados Unidos.
El intento de Moscú por evitar una operación militar
El plan impulsado por el Kremlin reflejaba la intención de Rusia de evitar un desenlace armado que dejara en evidencia la debilidad de sus sistemas militares desplegados en Venezuela y que supusiera la pérdida definitiva de su principal aliado estratégico en América Latina.
Venezuela había sido durante más de dos décadas una pieza clave de la proyección geopolítica rusa en el hemisferio occidental, mediante acuerdos de cooperación energética, venta de armamento y respaldo político frente a Washington.
La salida negociada de Maduro habría permitido a Moscú preservar parte de su influencia y mantener canales abiertos con el nuevo escenario político venezolano.
Tras el rechazo de Maduro, Estados Unidos avanzó en la planificación de la operación que culminó con su detención. El despliegue militar evidenció la incapacidad de los sistemas de defensa aérea de fabricación rusa para impedir la acción estadounidense, un factor que profundizó el revés estratégico para Moscú.
Después de la captura del líder chavista, el Kremlin optó por una postura de extrema cautela. Rusia evitó pronunciamientos de alto nivel y confirmó que el presidente Putin no tenía previsto comunicarse a corto plazo con la presidenta interina venezolana, Delcy Rodríguez.


